jueves, 12 de marzo de 2015

Pregúntale a la Iglesia. Capitulo I: Las Imágenes Respuestas Bíblicas a las objeciones protestantes

Pregúntale a la Iglesia
Respuestas Bíblicas a
las objeciones protestantes


Autor Vincenzo Rutigliano


Imprimátur 2005. Monseñor Hildemaro Flores
Protonotario Apostólico,  Vicario Gral. De Barquisimeto.


Presentación. Pbro. Antonio Larocca.

La doctrina de la Iglesia es fruto de la Sagrada Escritura, de la Tradición viva y del Magisterio. Jesús de Nazaret fundamentó la revelación de si mismo, el Hijo enviado por el Padre y trasmisor del Espíritu, como la Palabra anunciada, revelada y trasmitida, Palabra de salvación y de santificación que desde el comienzo de la vida religiosa de Israel había marcado el alma del pueblo escogido a la espera de la realización de las promesas que la ley y los profetas habían testificado.
El mismo ser humano a la espera de su completa restauración estaba anhelando que el verbo se hiciera carne, tomando cuerpo de la Virgen de Israel, y se hiciera como uno de nosotros menos que en el pecado y así volver adquirir la gracia perdida en la desobediencia inicial. Jesús inauguró el camino que los discípulos recibieron y a su vez trasmitieron a las comunidades cristianas: desde los relatos sobre Jesús hasta las profesiones de fe (1 Cor 15, 1ss), desde los formularios litúrgicos (1 Cor 11, 23ss; Mt 28, 19) hasta las oraciones comunes (Mt 6, 9-13) y hasta los himnos cristianos (Flp 2, 6-11; Ef 5, 14; 1 Tm 3, 16; Ap 7, 12 etc.); desde las reglas de vida que provienen de Jesús hasta los esquemas de homilías bautismales (1Pe 1, 13…).
Esta es la tradición apostólica y la tradición de la Iglesia donde quedó fijada la norma de la Iglesia  en el Nuevo Testamento: “Guarda el depósito” (1 Tm 6, 20; 2 Tm 1, 12.14). De allí los sucesores de los apóstoles, los obispos, en especial el sucesor de Pedro, con los colaboradores de ellos los presbíteros y diáconos, han mantenido la conservación de este deposito de la fe, con sus enseñanzas por el magisterio y con la catequesis, dentro de la comunidad eclesial, el nuevo pueblo de Dios, que sigue peregrinando en la tierra para alcanzar el definitivo encuentro de Cristo con la humanidad redimida.
Pero todo este gran trabajo doctrinal que ya lleva dos mil años, bajo la dirección del Espíritu Santo y de los cuidadores de la fe que son los Pontífices, se ha ido continuamente adaptando, sin perder su originalidad, a las necesidades históricas, culturales, sociales del mundo, de manera que siempre se ha podido encontrar la manera de motivar a la fe, la esperanza y la caridad a todo hombre necesitado de descubrir la verdad.
Esta publicación es un esfuerzo sencillo, práctico, actualizado, con preguntas y respuestas de un laico, de Vincenzo, esposo y papá feliz, que, acompañado por sus pastores, ha querido compartir su experiencia espiritual y así motivar la confianza en los demás laicos en esa misma búsqueda interior que repite: “Donde está tu Dios?”.
Un dialogo en la fe y en la convicción que la Palabra no ha dejado de encarnarse en nosotros, como en María-Iglesia viva, Palabra-Pan Diario, que se hace cada vez Eucaristía y Reconciliación en cada uno y entre nosotros, Palabra motivo de liberación del pecado personal y social, Palabra compromiso eclesial de vida en la caridad, y esperanza cierta que nos abre las puertas del miedo cuando nos hundimos bajo el peso de nosotros mismos, de nuestro orgullo, soberbia materialista y tecnológica.
Es un aliciente para creer que todavía se puede vivir la fuerza del amor y no el amor a fuerza, frente a los obstáculos y tropiezos que la razón y los sentimientos humanos nos propinan día a día.

Buena lectura!

Padre Antonio Larocca SMC.

Dado en Barquisimeto el día 15 de septiembre, del 2006, día de Nuestra Sra. de los dolores.


Capitulo I: Las Imágenes


1. ¿Dios prohíbe que tengamos Imágenes?
Dios en la Biblia no  prohíbe las imágenes, y por el contrarío en la Biblia manda a hacer numerosas imágenes: "Haz el primer querubín en un extremo y el segundo en el otro. Los querubines formarán un cuerpo con el propiciatorio, en sus dos extremos. Estarán con las alas extendidas por encima, cubriendo con ellas el propiciatorio, uno frente al otro, con las caras vueltas hacia el propiciatorio" (Éxodo 25,19-20).
Es que si Dios ha hecho al hombre a su imagen y semejanza entonces ¿Por qué va a condenar todas las imágenes? Dios permite el uso de imágenes para el uso de las practicas de fe o religión, por ejemplo, manda hacer la Imagen de un Arca (algo que esta en las aguas), para guardar venerablemente las tablas de la ley, según se lee en  Exodo 25, 10-16, seguidamente en los versículos 17-20 ordena realizar esculturas de querubines (seres que están arriba en el cielo) para acompañar el Arca de la Alianza en el lugar Santísimo de la Morada (cf Ex 26, 31-33)  y en otra ocasión manda a hacer la imagen de una serpiente (un ser de la tierra) como se lee en Números 21, 7-9, para que al mirar esta imagen de bronce, recobrarán la salud aquellos que habían sufrido mordeduras de culebras en el desierto. Lo que la Biblia condena es creer en falsos dioses, y dar culto a las imágenes de los falsos dioses o ídolos, en Éxodo 20, 3-4 se prohíben  las imágenes de “otros dioses” es decir los dioses del  politeísmo, pero esta prohibición no abarca todas las imágenes, solamente la de los ídolos o dioses ajenos (cf Ex 20,3; Dt 5,7), pues en la Biblia no hay contradicción, Dios admite las imágenes incluso en su Templo (I Reyes 6,23) y en el fondo esto lo saben y lo comparten todas las denominaciones cristianas, fíjense ¿No contienen imágenes las portadas de sus libros, revistas y casetes? incluyendo las sectas que más nos critican en este punto ¿No distribuyen  folletos llenos de Imágenes de seres terrenales y celestiales? y cada vez que visita nuestras ciudades sus conferencistas o cantantes destacados ¿No inundan la ciudad con sus estampas? Y si las sectas pueden tener las imágenes de sus pastores, fundadores, conferencistas y cantantes esparcidas en miles de afiches y volantes por toda la ciudad ¿Como es que, no se puede tener la imagen del verdadero Pastor, o la de su Mamá o la de sus amigos?  Si el Arca de la Antigua Alianza fue considerada tan sagrada por contener la ley, entonces  María la Madre del Señor, que contiene el Verbo de Dios por nueve meses, y contiene la gracia de una Alianza más perfecta,  pues el la “llena de gracia”, ¿Por qué no tenerla por santa y sagrada? ¿No es acaso María la verdadera  Arca de la Nueva Alianza? ¿Es que somos salvos por la ley o por la gracia?  En el Antiguo Testamento, el Arca de la Alianza (Exodo 25, 2 Samuel 6), era el lugar de la presencia de Dios. Los Israelitas llevaban el Arca de la Alianza en las batallas para tener con ellos el poder de Dios. El Pueblo de Dios llevo en procesión El Arca cuando Dios derrumbó las murallas de Jericó (Josué 6); y cuando derrotó a los filisteos en muchas batallas (Números 10, 35).  La Virgen María es la madre de Dios (Lucas 1:43). Es por eso que, de forma análoga, llamamos a la Virgen el Arca de la Nueva Alianza, pues Ella es la “theotokos” portadora de Dios en su bendito vientre (cf Lucas 1:35).


Reflexionemos que imágenes se admiten en la Biblia y cuales se condena, ¿Cuales apreciamos? Y cual es su uso más correcto. Las sectas critican no solamente las Imágenes que usamos los Católicos en nuestros templos, sino en algunos casos,  también las de nuestros próceres o héroes patrios, que tenemos en nuestras plazas o panteones, pero la imagen de los mismos próceres que aparecen en las monedas y billetes, esas si las admiten y con gran aprecio en algunos casos, como los mismos Fariseos (Mt 22,20-21; Lc 16, 13-15).      


2. ¿El Templo de Dios del Antiguo Testamento tenía Imágenes y Cosas Sagradas?.
Si tenía y muchas, para inspirar reverencia y respeto, como símbolos sagrados, del lugar de Adoración a Yahveh; todas las siguientes citas Bíblicas dan fe de eso: I Crónicas 26,20; I Reyes 6,22-29; II Reyes 19,15; Ezequiel 41,18-25; Judit 8,24; y en el Nuevo Testamento en Hebreos 9,3-5 también describe las Imágenes del Templo. "Dedíquense ahora de todo corazón y con toda su alma a buscar al Señor, su Dios. Prepárense a edificar el Santuario del Señor, su Dios, a fin de trasladar a la Casa que se va a edificar para el Nombre del Señor, el Arca de la Alianza del Señor y los utensilios consagrados a Dios." (I Crónicas, C 22, v 19).  El Arca es señal de la primera Alianza. Moisés la hizo construir mientras guiaba a los hebreos a través del desierto, con el fin de que fuera morada de Dios en medio de su pueblo, ya que Dios había venido a habitarla. Exodo 25,10. Una nube iluminaba y cubría la Carpa del Encuentro, que contenía el Arca de la Alianza y la Gloria del Señor llenaba la morada. La nube que se hallaba por encima, significaba la trascendencia del Dios inaccesible y la Gloria que emanaba por dentro, lo presentaba en su inmanencia, es decir, en su familiaridad, en su comunicación, haciendo Alianza con su Pueblo. Una vez construida el Arca, Moisés la colocó bajo una carpa, semejante a la del pueblo peregrino, para recordarles que los hombres necesitan de Dios y que Dios está con ellos, al alcance de sus vidas. Finalmente se construyó el Templo de Jerusalén y fue llevada el Arca al interior del Templo. Dentro del mismo y en torno al Arca, el pueblo judío actualizaba su Alianza con Dios.
El Rey Salomón, al edificar la Casa de Dios, el Santo Templo, y por medio de la Sabiduría de Dios: "Esculpió todo en torno los muros de la Casa con grabados de escultura de querubines, palmeras, capullos abiertos, al interior y al exterior" (I Reyes 6,29).  "En el interior de la sala del Santo de los Santos hizo dos querubines, de obra esculpida, que revistió de oro" (II Crónicas 3,10). Estas Imágenes de Ángeles y demás esculturas sagradas, que estaban en el primer Templo de Dios (reflejo de su majestad y grandeza), y el segundo Templo o reconstruido (Lee Ezequiel 41,18-19) son el modelo Bíblico para nuestros templos cristianos, que deben tener lo mejor de nosotros mismos, de nuestro arte y cultura,  para nuestro Dios.
El  Arca de madera era un símbolo (Exodo 25, 10-16); la profecía se cumple en María. (Lucas 1:35). Ella se convirtió en la nueva morada de Dios hecho hombre, para una Alianza Nueva, la Alianza de los últimos tiempos (Apocalipsis 1,119). Se transformó así en el Arca de la Alianza viviente que es Jesús. El Arca de Moisés era tan sólo un mueble de madera; María es un ser humano, que recibe a Dios como Madre amante y Santa, ya que el Hijo de Dios es ahora su Hijo. Esta humilde y discreta presencia del Hijo de Dios, concebido y formado humanamente por obra del Espíritu Santo en María, reemplaza la gloria luminosa que rodeaba el Arca primitiva. El Apocalipsis, capítulo 12, la Mujer es el Arca de la Alianza, esta es la Iglesia y también es María, que hace batalla contra el Dragón. Las referencias Bíblicas, hay que entenderlas en su conjunto, es decir revisando el contexto: todo lo que la Santa Biblia dice respecto a un tema, para no equivocar o torcer, el sentido del Libro Sagrado, por eso la Iglesia nos recomienda, tener el habito de leer con mucha frecuencia  la Palabra de Dios, para evitar caer en el error de apostatar (renegar) de la fe en Jesucristo. La apostasía es un horrible pecado que consiste en renegar del depósito de la fe, de la  Iglesia que Jesús fundó, después de haber pertenecido a la misma, por medio del Bautismo.


3 ¿No es lo mismo Imagen que Ídolo?
Claro que no, la imagen es un retrato, escultura o fotografía de algo o alguien, mientras que los ídolos son dioses falsos, inventados o dioses ajenos como dice Jeremías  24,6 la idolatría consiste en adorar algo o alguien distinto del  Dios verdadero, en otras palabras es creer que un ser creado o una cosa, es el Dios Creador, este pecado se refiere tanto al politeísmo y al panteísmo o cualquier otra religión contraria a la Fe en Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Según San Pablo de este terrible pecado de la Idolatría debemos huir (Lee I Cor 10,14).
Un ídolo es aquello que un falso adorador (o idolatra) lo coloca como centro y fin de su vida, que puede ser por ejemplo: El dios Dinero (Lc 16,13; Sir 31,7), la Corrupción (Ex 20,15), el Ateísmos, el Aborto provocado, la Eutanasia (Ex 20,13),  el Sectarismo,  un Gurú o mago (Gal 5,20), la Astrología (Dt 18,10), la Superstición, el Espiritismo (Dt 18,11), la Drogadicción, la Prostitución (I Cor 6,15-20; Col 3,5-6), el Hedonismo o dios Placer (Gal 5,19-21), y aquellos dioses paganos esotéricos de las religiones politeístas y panteístas de la india, orientales y asiáticas, que también son representados en pintura o escultura, oro y plata, que son los condenados por la Biblia en Éxodo 20,3-5, las imágenes de estos dioses falsos son ídolos, pero no cualquier imagen es un ídolo, sabiamente la Iglesia explica que: "El primer mandamiento condena el politeísmo, exige al hombre no creer en otros dioses que el Dios verdadero, y no venerar otras divinidades que al único Dios..." (CIC * 2112).  La Biblia prohíbe terminantemente los ídolos (Ex 20,3; 34,14; Dt 4,28; 5,6-9), pero admite las imágenes (Ex 25,18; 37,7; Nm 7,89; 21,8; Jue 17,4; I Re 6,27) escudriña la Biblia, sin flojera  y aprenderás la realidad, completa.


4. ¿Los Profetas y  los Israelitas oraban a Dios, frente a Imágenes?.
En el Antiguo Testamento nos damos cuenta que tanto Moisés como los otros profetas, rogaban a Dios frente a las imágenes en el lugar Santísimo de la Tienda o Tabernáculo del Encuentro donde estaba el Arca del Testimonio en los tiempos de Moisés, y  en el Santo de los Santos, lugar central del Templo en los tiempos de Salomón y siguientes. Pero la oración que se hace frente a una imagen no va dirigida a la imagen sino a Dios, claro que estás Imágenes eran tenidas por cosa santas o “sacratísimas” (cf Éxodo 30,29), pero eso no significa que ellos las adoraban; ellos las veneraban con toda reverencia y fervor, como vemos:  "Cuando Moisés entraba en la Tienda del Encuentro para hablar con El, oía la voz que le hablaba de lo alto del propiciatorio que está sobre el Arca del Testimonio, de entre los dos querubines. Entonces hablaba con El" (Números 7,89). Se narra en el capitulo nueve del libro de los Números, que Dios se manifestaba extraordinariamente en dicho Tabernáculo, y obra prodigios allí donde estaba el Arca y las imágenes de ángeles, y entonces porque extrañar que hoy obre igual, estos dos querubines, que estaban en el Tabernáculo de Reunión de Dios con Moisés,  son imágenes  (escultura) de los dos ángeles, que Dios ordenó hacer a Moisés en Éxodo 25,19-20.
La Biblia cuenta el largo peregrinar del Pueblo de Israel con el Tabernáculo, y las distintas procesiones con el Arca de la Alianza, la más solemne: Cuando en medio de oraciones, cánticos, danza, salterio, trompetas, sacrificios, holocaustos y ofrendas de paz, el Rey David trae el Arca de la Alianza a Jerusalén (Lee 2 Samuel 6,12-23 y 1ra Crónicas 15,23 ss).
El Rey Salomón recibió del Señor gran sabiduría y un corazón entendido (cf 1 Re 3,11), y luego edificó  el Templo de Dios, por  la voluntad divina (cf  2 Sa 7,12-13; 1 Cr 1,11-12; 1 Re 5,5)  “Hizo también en el lugar Santísimo dos querubines de madera de olivo, cada uno de diez codo de altura” (1 Reyes 6,23) Salomón  colocó estas esculturas de querubines, en la Casa de Dios (cf I Re 6,27) por tanto todas las oraciones o cultos que se realizaron por cientos de años en este sagrado Templo, se realizaron frente a estas imágenes de ángeles querubines y otras que también menciona la Escritura, claro que la reverencia que se le rinde a estas sagradas imágenes, es indirecta porque no va dirigida la oración a la imagen como una realidad independiente, sino que la oración y la veneración  van dirigidas  las realidades que esas imágenes representan. La Escritura menciona incontables personas que postrados en el Templo donde existían imágenes oraban al Señor, por cierto, sin caer en ningún tipo de idolatría, y que son modelo que demuestra que la Iglesia Católica tiene la razón, y los profetas lo demuestran: “Hizo Ezequías esta plegaria ante Yahveh: «Yahveh, Dios de Israel, que estás sobre los Querubines, tú sólo eres  Dios en  todos los reinos de la tierra, tú el que has hecho los cielos y la tierra” (II Reyes 19,15). Para profundizar es bueno repasar estas citas, leyéndolas directamente de tu Biblia, siempre con un diccionario a la mano para entender las palabras desconocidas,  para los que les gusta escudriñar buscar también Nm 9,15-25; Ex 40,34-38; Lv 22,15-16; I Re 6,23-35; I Re 7,25-51; II Re 19,15; Sal 99,1 y las respectivas concordancias.

5. ¿Que es la Idolatría?
La  Idolatría es un pecado, consiste en adorar falsos dioses, creer en el politeísmo; creer que "todo es dios"  sin distinción entre lo creado y el creador (panteísmo); creer que no existe un creador (ateísmo), que es negar la existencia de Dios, o vivir como si Dios no existiera (paganismo), otra forma de idolatría que es el materialismo practico, actualmente los mayores ídolos, que apartan a la humanidad de Dios son: El Dinero como único sentido de la vida (Sir 31,5-7), el Aborto provocado, como culto máximo al libertinaje, al facilismo y a la vida inmoral, el Hedonismo que es la búsqueda desordenada del Placer, por el placer mismo, y muchos otros como  las Drogas, la Eutanasia, la Superstición, el Espiritismo, la Astrología, y toda clase de esoterismo. Los apóstoles combatían el politeísmo tan extendido en aquella época con palabras como estas:  "Para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros" (I Cor 8,6).
Dios se merece la prioridad en nuestras vidas, y nuestro amor sobre toda las cosas, y la idolatría es robarle el primer puesto a Dios, y darle ese lugar a otras cosas o ídolos, es tener otra razón de vivir principal en nuestras vidas, que nos separa del Dios verdadero. La Iglesia Católica siempre a combatido toda clase de idolatría, las sectas nos acusan de ser idólatras por tener errados conceptos, y confusión de los términos.
El Primer Mandamiento referido a la adoración a Dios, prohíbe tener varios dioses (Ex 20,1-3), es decir condena la Idolatría,  sobre este mandamiento el Mesías nos explica: “Jesús le contestó: El primer mandamiento es: Escucha Israel: El Señor nuestro Dios es un único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma,  con toda tu inteligencia y  con todas tus fuerzas" (Marcos 12,29-30). Adorar según el Maestro involucra nuestro Corazón: “Amarás al Señor tu  Dios” sobre todas las cosas, nuestra Alma: aceptarlo desde lo más profundo de nuestro interior como nuestro creador y salvador, nuestra Mente: el conocerle según se nos ha revelado como creador, todopoderoso y eterno con toda nuestra inteligencia, y nuestras Fuerzas: es decir vivir en función de servirlo y glorificarlo en espíritu y verdad. La idolatría rechaza el único Señorío de Dios, y el amor y la fidelidad debidas a Él, es por tanto incompatible con la comunión divina. La Santa Biblia también vincula la Idolatría con la perversión, inmoralidad sexual,  la avaricia o el amor al dinero: “Por tanto, mortificad vuestros miembros terrenos: fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la codicia, que es una idolatría todo lo cual atrae la cólera de Dios sobre los rebeldes”  (Col 3,5-6).  De las anteriores citas podemos concluir que: “La idolatría no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios...” (CIC N*  2113).    
“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y  con todas tus fuerzas”. Nuestro gran anhelo, nuestro mayor amor, nuestra adoración y fidelidad van dirigidas a la Santísima Trinidad, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; nuestro deseo, nuestro objetivo y nuestra principal ocupación, debe ser formar a Jesús en nosotros y hacer que en nuestros corazones reine su espíritu, su devoción, sus afectos, sus deseos y sus disposiciones. Toda nuestra vida de fe debe tender a eso. Tal es la tarea que Dios nos ha confiado para que trabajemos en ella constantemente. “Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, Juan 5:3.
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Amor que ha de manifestarse en la misericordia con todos, en la caridad, comprensión, sentimental y con obras concretas, “ Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. , I Juan 4:20  Solo en Cristo, con su ayuda podemos amar, según las exigencias evangélicas, incluso a quienes nos odian y calumnien, “y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros, como oblación y víctima de suave aroma. Efesios 5:2. San Luis Griñon lo Resumen cuatro preposiciones: 1. Hacer todo como Jesucristo, como esclavo de amor. 2 Realizar todo en Jesucristo, con su ayuda y fuerza. 3. Obrar por Jesucristo, es decir por orden de Dios, cumpliendo su evangelio. 4. Hacerlo todo para Jesucristo, es decir para su gloria y honra.


         
6. ¿Los Católicos Adoramos a las Imágenes?       
Los Católicos veneramos las Imágenes de Dios y de quienes han tenido una santa amistad con Él, pero no las adoramos, por supuesto que no, porque los Católicos adoramos únicamente a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios Verdadero en tres Divinas Personas. La Biblia prohíbe adorar a alguien distinto a Dios, como lo recalca Cristo en el Evangelio (Mateo 4,10 y Lucas 4,8) y la Iglesia Católica quien la recopiló y canonizó los libros de la Biblia, que es estudiosa,  practicante y maestra  de la Sagrada Palabra  no puede hacer algo contrario a lo que en ella está escrito.  Los católicos no tenemos varios dioses, nuestro credo es conocido: “Creo en un solo Dios...”
Los cristianos católicos somos reverentes ante las cosas Sagradas, veneramos las imágenes, porque nos recuerdan a Dios, y a sus amigos los ángeles y los Santos, y nos remontan a los momentos más sublimes e importante de  la historia de la Salvación.  Las imágenes son un instrumento de inspiración y   para expresar los hechos más importantes de la Vida del Mesías y sus seguidores. Además la reverencia y la oración  realizada frente a las imágenes sagradas, se dirigen a Dios o las santas personas que ellas representan, no al la imagen en sí misma, como una realidad aparte, como en el Templo bíblico (I Crónicas 26,20; I Reyes 6,22-29; II Reyes 19,15; Judit 8,24; Ezequiel 41,18-25; Hebreos 9,3-5 ).      
Algunos protestantes, por no conocer el verdadero significado de la Palabra: “Adoración” nos acusan de adorar imágenes, santos y ángeles, porque las sectas no hacen diferencia entre las palabras "adorar, alabar y venerar", y para confundirnos nos dicen que solo a Dios podemos "adorar, alabar y venerar", cuando en realidad, a todos los seres de la creación podemos alabar  (cf Gn 1,31), y Dios que exalta a los humildes (Lc 1,52) en su Palabra nos manda que veneremos a sus Siervos (cf Lv 8,7; Isaías 22,21-22; Lc 1;75;), a los Sacerdotes (Ex 40,12-15; Isaías 61,6; Eclesiástico. 7,30-31), a los lugares sagrados (cf Ex 3,5; Dt 12,11), a los tiempos solemnes (Lv 23,4; 25,10-13), a las cosas sagradas (Ex 40,9-11), a las imágenes  (Ezequiel 41,18-19), a las fechas santas (cf Ex 30,30; Nm 9,2)  y a las cosas santas (cf Éx 30,22-29; 40,34-38) y a los ángeles (I Re 6,23), y la Adoración si es solo para: Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo (cf Lc 4,8). Además con consultar cualquier diccionario o enciclopedia nos damos cuenta que las palabras adorar, alabar y venerar, tienen cada una un significado propio y distinto, por ende implicaciones diferentes.
El Evangelio nos específica lo que significa adorar: “Jesús dijo: “Amarás a l Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mateo 22,37), donde Adorar no es simplemente arrodillarse, no es algo tan sencillo, es mucho más que gestos externos, adorar involucra todo nuestro ser, nuestro Corazón (amar a Dios sobre todas las cosas), nuestra Alma (aceptarlo en  nuestro interior más profundo como nuestro creador y salvador), nuestra Mente (el conocerle según se nos ha revelado Todopoderoso creador de cielo y tierra, toda nuestra inteligencia y  sabiduría) y nuestras Fuerzas (es decir todo el esfuerzo de nuestras facultades corporales y espirituales) esa es la Adoración que Jesús nos enseña al explicar la cita de Exodo 20,1 referida a la Adoración a Dios y la prohibición de los ídolos:  "Jesús le contestó: El primer mandamiento es: Escucha Israel: El Señor nuestro Dios es un único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma,  con toda tu mente y  con todas tus fuerzas" (Marcos 12,30),  los Católicos profesamos el amor a Dios por encima de todas las cosas y personas, cuando se venera a sus discípulos nadie tiene en Mente  que San Pablo creo el cielo, o la Virgen la Tierra, o que san Lucas sea todopoderoso.
El no respetar a Dios es una Blasfemia, el profanar las cosas y lugares Sagrados es un sacrilegio, y va en oposición a los tres primeros mandamientos,  no podemos ser amigos de Dios, mientras despreciamos sus cosas santas.  Como creyentes debemos respetar las cosas santas, porque de los contrario caeríamos en ese grave pecado que se denomina "profanación"  y en la Biblia leemos: "No profanen, pues, las cosas sagradas de los israelitas, reservadas para Yahveh" (Levítico 22,15) "Porque los que guarden santamente las cosas santas, serán reconocidos santos, y los que se dejen instruir en ellas, encontrarán defensa" (Sabiduría 6,10). Es importante recordar que el Honor tributado a las Imágenes sagradas es una “veneración respetuosa”, no es adoración que solo corresponde a Dios, y los honores que rendimos a las imágenes es indirecto, pues van dirigidos a las personas que ellas representan, y no a la imagen como una realidad independiente.   


7. ¿Porque la Biblia resalta tanto que las Imágenes ni hablan ni ven ni oyen?
La Biblia lo hace en forma sumamente pedagógica, para educar y culturizar a los pueblos antiguos, que eran sometidos por ideas politeístas y esotéricas, porque hace más de 2.000 años, cuando se escribió el Antiguo Testamento, por lo primitivo de la cultura, ciencia  y tecnología de esa época, los pueblos paganos fácilmente atribuían a las imágenes las facultades de poder: comer, hablar, ver y oír, y realizaban toda clase de sacrificios ante los dioses esotéricos, motivando a los súbditos por medio de la superstición, el temor, y la ignorancia. Por ejemplo, en esos tiempos existía un Ídolo llamado "Moloc", representado con grandes ojos y una enorme boca, dentro de la cual tenía un horno, y nos cuenta Jeremías 32,35, que en brasas ardientes sacrificaban a los niños recién nacidos, dentro de la boca de ese terrible ídolo, para satisfacer el supuesto apetito de Moloc, y lograr sus favores. El Antiguo Testamento, no prohíbe tener imágenes, sino la superstición, el fetichismo e idolatría que van asociada a las imágenes de los dioses falsos o ajenos (Ex 20,2; Dt  12,29-30).   
Otra prueba de lo que escribo, está en el capitulo 14 del Libro de Daniel, que narra: todo lo que tubo que hacer el profeta (cuanto trabajo y ocurrencias), para convencer al pueblo Persa y a su rey, que la estatua de su ídolo Bal que tenían, no consumía alimentos, ni bebía, vasta leer el maravilloso capitulo 14 de Daniel, para darnos cuenta el grado de ingenuidad de los pueblos paganos, y la necesidad de luces e instrucción que tenían, por eso Dios por medios de sus profetas, venia a sanar la ignorancia, develándoles la verdad.
Hoy día, la Santa Iglesia sigue condenando todas las formas de idolatría modernas, con la misma insistencia y energía que la Biblia,  defendiendo a los niños de toda raza, lengua y nación, desde el momento de su concepción en el vientre materno, y condenando el sacrificio de los indefensos, el aborto provocado, lamentablemente tan difundido, con el que asesinan millones de niños inocentes, para satisfacer al voraz apetito de los ídolos de la Comodidad, el Facilismo, el dios Placer y al súper dios Dinero, tan adorados o mejor dicho tan idolatrados hoy en día, en tiempos que se propaga el mal, la apostasía y el proceso de contestación al magisterio de la Iglesia.
El Antiguo Testamento nos recuerda también que Dios ordenó hacer imágenes de ángeles, querubines, arca, palmeras, bueyes de bronce y hasta una culebra, como señal, símbolo y recordatorio venerable de su santa acción y enseñanza, demos en respuesta el justo valor, y el correcto uso a nuestras santas imágenes, y combatamos toda superstición, idolatría y fetichismo, sobre todo con el buen ejemplo, como verdaderos cristianos debemos mantenernos siempre en comunión con la Iglesia Católica, la única que nuestro Señor Jesús edificó, dóciles a la pedagogía de Dios nuestro Padre, para que como su Palabra, seamos también nosotros Luz y Guía para todas las naciones, por medio del Espíritu Santo, amén.
En la Encarnación de Jesús, explica San Juan: "Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros, lleno de amor y verdad. Y hemos visto su gloria, la gloria que como Hijo único recibió del Padre." (1,14) Este pasaje nos brinda la oportunidad de aclarar muchas dudas en cuanto a las imágenes: Si Dios se ha hecho hombre y ha tomado carne realmente humana. Dios se ha hecho visible. Por lo tanto ha sido superada con Cristo la idea del (Deuteronomio 4,15), pues Dios se ha hecho visible a través de Jesucristo.


8. ¿Debemos odiar la cruz porque ella fue el arma por la que murió Jesús?
Por su puesto que no, en primer lugar Jesús murió en una cruz, por nuestros pecados y rebeldías (Isaías 53,9-12; I Pedro 2,24), tenemos que repudiar al pecado y mas no a la cruz, que no fue la causante de la muerte. Además debemos tener en alto estima la cruz, por ser un instrumento sagrado de Salvación: “Y reconciliar con Dios a ambos en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad” (Efesios 2,16). Para los Católicos la cruz de Cristo es motivo de orgullo y veneramos la cruz,  imitando a San Pablo, que expresa: “En cuanto a mí ¡Dios me libre gloriarme si nos es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo  es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo!” (Gálatas 6,14). La Cruz es Señal de salvación: Jesús mismo comparó su crucifixión con una imagen de serpiente en bronce que realizó Moisés como señal para recobrar la salud y la vida en Núm 21,8-9 para aquellos que  habían estado expuestos a ataques de serpientes: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo el que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3, 14-15).
Claro que no debemos odiar la cruz, eso seria un gran pecado de irreverencia o profanación, que nos conduciría a la perdición, como lo advierte el mismo San Pablo: “Hermanos, sed imitadores míos, y fijaos en los que viven según  el modelo que tenéis en nosotros. Porque muchos viven según os dije tantas veces, y ahora os lo repito con lágrimas, como enemigos de la cruz de  Cristo, cuyo final es la perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya  gloria está en su vergüenza, que no piensan más que en las cosas de la tierra” (Filipenses 3,17-19). Por eso, debemos honrar la cruz, y regocijarnos por el misterio redentor, que en ella ocurrió: “Pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se  pierden; mas para los que se salvan,  para nosotros,  es  fuerza de Dios” (I Corintios 1,18).
Algunas Sectas nos objetan, diciendo que no debemos presentar a Cristo crucificado, porque está resucitado, pero con la Biblia les respondemos: “Nosotros proclamamos un Mesías crucificado: para los judíos ¡qué escándalo! Y para los griegos ¡qué locura! Pero para los que Dios ha llamado, judíos o griegos, este Mesías es fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (I Cor 1,23-24). Además la predicación de la Iglesia al presentar a Cristo crucificado, no quiere negar con eso que Cristo resucitó a tercer día según las Escrituras (cf I Cor 15,3-4)  como reza nuestro Credo Católico llamado “De los Apóstoles”, porque si el Mesías no a resucitado vana sería nuestra fe (I Cor 15,17), la  “predicación de la cruz” lo que quiere resaltar es que tanto amó Dios a la humanidad que entrego a su Único Hijo a ese tormento, para rescatarnos del pecado y darnos la salvación eterna (Lee Juan 3,16-17; Rom 5,8).
Algunas sectas, no solo desprecian la cruz en el sentido material, sino en su dimensión más profunda, viendo el sufrimiento humano como una maldición de la cual Dios está obligado a librarnos, en la fecha y hora de sus cultos, sin tomar en cuenta el “Hágase tu Voluntad” que nos enseñó Jesús (cf Mt 6,10; Mc 14,36) y olvidando que si hemos padecido con Cristo, gozaremos con Él en la gloría (cf Rom 8,17; II Cor 4,10-18), el cristiano no puede odiar la cruz del sufrimiento, por el contrarío debe verla en un sentido redentor, gloriarnos en el sufrimiento (cf Rom 5,1-5) como los Apóstoles que consideraron un privilegio poder  padecer por Cristo (cf II Cor 12,10; Fil 1,29-30), no por masoquismo (lo cual sería un pecado), sino para unirse a la única obra redentora de Cristo, como el mismo San Pablo, que dice: “Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1,24), porque si padecemos juntamente con Jesús,  es para ser junto con Él glorificado (Lee Rom 8,17; II Cor 4,17). Es bueno pedirle a Dios para que nos sane, y por los méritos de Cristo somos sanados y liberado de todo mal,  pero no podemos despreciar en ningún modo, la Cruz de Cristo, en atención al Santo Evangelio que además de atribuirle una Bienaventuranza (Mt 5,4) repetidas veces nos narra que: “Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir  en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mateo 16,24).


9. ¿Qué significa la Cruz en la Biblia?
Hoy hay muchas personas, que como los discípulos camino a Emaús se escandalizan de la Iglesia, porque creen que la cruz es derrota, a todos ellos Jesús les sale al paso y les dice: ¿No era necesario que el Cristo pareciera eso, y entrara así en su gloría? (Lucas 24,26). Entonces para el creyente, la Cruz es la puerta  angosta, referida por Cristo (cf Lucas 13,24), que nos conduce a la gloría eterna. La Cruz nos recuerda el amor divino (Juan 3,16; Gálatas 2,20) que Jesús es el Buen Pastor y Amigo fiel, que da su vida su vida por sus amigos (Juan 15,13), pero además de recordatorio la Sagrada Biblia, denomina a la Cruz de Cristo como:  
Instrumento de reconciliación (Efesios 2,16).  Resumen del Evangelio  (I Corintios 1,17-18). Fuerza de Dios (I Corintios 1,18). Vida del Creyente (Gálatas 2,20). Señal del Cristiano (Mateo 16,24; Lucas 14,27). Sentencia absolutoria (Coloneses 2,13-14). Sello de los Siervos de Dios (cf Ap 7,3; Ez 9,4). Icono de Salvación (Juan 3,14-15).  Señal del Hijo del Hombre (cf Mateo 24,30).  Señal de contracción (I Cor 1,23-24; Lc 2,34). Sabiduría y fuerza de Dios (I Corintios 1,24).- Motivo de Gloría (Galatas 6,14). Señal de victoria (Jn 20,24-29; Fil 2,8-9; Col 2,14-15).- Requisito para seguir a Jesús (Mt 10,38; Mc 8,39; Lc 9,23). Puerta angosta y camino estrecho  a la vida (Mt 7,13-14; Lc 13,24; 24,26). Puerta a la Gloria (Lucas 24,26; II Cor 4,17; Rom 8,18; Heb 12,11; I Pe 1,6-7).


10. ¿Qué es Venerar?
Es rendir honores, y alabanzas a las personas consagradas a Dios (Lv 8,7; II Re 4,27; Isaías 22,21-22; Hebreos 13,17), a lugares sagrados (Ex 3,5; II Cro 8,11), o lugares donde Dios se Manifiesta (II Cro 7,7-9; Sal 99,9), a cosas sagradas (Lv 22,15; Nm 4,15),  a imágenes sagradas (Éx 25,19-20; Nm 7,89; Ga 6,14 ), el traslado de cosas sagradas o procesiones  (I Cro 15,25-16,3; 2 Sa 6,12-19; II Cro 5, 3-10; I Re 8,1-9),  a tiempos  solemnes: días santos (Lv 23,1-8), semanas (Nm 28,26),  años santos o jubileos (Lv 25,12) a los ángeles de Dios (II Re 19,15; Tob 12,15-16; Sal 99,1)  a los santos (Mt 11,11-15; Mt 17,2-3; I Pe 1,1-2; Judas 0,3) y al la Virgen (Lc 1,42) en virtud de la santidad que Dios les ha otorgado a estas privilegiadas criaturas. La veneración consiste en tributar cariño, respeto y reverencia a los amigos de Dios y a sus cosas,  por ser santas, “privilegiadas” o “separadas” o especiales para Dios, y por que Él que es Todopoderoso ha hecho grandes cosas maravillosas por ellas (cf Lc 1,48-49).
Capitulo II: Los Sacramentos
11. ¿Cuales son los Sacramentos que Jesús Instituyó?
Jesucristo nuestro único salvador (cf Hechos 4,12) ideó unos medios para distribuir su gracia, y los sacramentos son esos canales por los que el Salvador nos comunica su vida abundante, la gracia santificante gratuita que nos ofrece:  El Señor instituyó el Sacramento del Bautismos, en su propio Bautizo (Lucas 3,21), el Sacramento del Matrimonio instituido desde la creación (Génesis 2,24), lo reafirmó en las Bodas de Caná (Juan 2,1) y con su enseñanza   (Mateo 19,5;Efesios 5:31), la unción de los enfermos, durante toda su peregrinación (Mateo 9,35; Lucas 4:18; Hechos 10,38; Mateo 25:36), en la ultima Cena instituye los Sacramentos de la Eucaristía (Marcos 14,22) y el del Orden Sacerdotal (I Corintios 11,23-24), el Sacramento de la Confesión en su aparición resucitado a los once apóstoles (Juan 20,23),  y la Confirmación, después de su gloriosa ascensión a los Cielos: el día de Pentecostés (Hechos 2,4). La Iglesia Católica, es la única en reconocer, aceptar y suministrar validamente todos los sacramentos que Jesús creó para la edificación de su Cuerpo Místico, porque si aceptamos a Jesús como único salvador, tenemos que aceptar los medios que Él nos ofrece para salvarnos,  que son los siete sacramentos que vemos en la Biblia:
Bautismo: “Y acercándose Jesús les dijo: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; id pues y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”  (Mateo 2818-19).
Eucaristía: “Tomó luego el pan, y dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: “Éste es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.” De igual modo, después de cenar, la copa, diciendo: “Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros” (Lucas 22,19-20).  
Confirmación: “Al enterarse los  apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaria había aceptado la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan, estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo” (Hechos 8,14-15).
Reconciliación: “Jesús  les dijo otra vez paz a vosotros: Como el Padre me envió también yo os envío. Dicho esto, soplo sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo, a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se lo retengáis les quedan retenidos” (Juan 20,21-23).     
Unción de los Enfermos: “¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él, y le unjan  con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo y el Señor hará que se levante, si hubiera cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos  por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder”. (Santiago 5,14-16).
Matrimonio: “y que dijo: «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre          y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola  carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre.»  (Mateo 19,5-6) “En cuanto a los casados, les ordeno, no yo sino el Señor: que la mujer no se separe del marido, mas en el caso de separarse, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su marido, y que el marido no despida a su mujer” (I Corintios 7,10).                
Orden Sacerdotal: “Porque yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan,  y después de dar gracias, lo partió y dijo: «Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío.» (I Corintios 11,23-24) “Designaron presbíteros en cada Iglesia y después de hacer oración con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído” (Hechos 14,23).
Los sacramentos no son invento de los Católicos, Jesús ordena, estos medios de santificación, para edificarnos sobre la roca firme de la  verdad, “Pero si cualquiera me oye estas palabras (Dice el Señor) y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena, y descendió lluvia, y vinieron los ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina” (Mateo 7, 26-27). Algunas sectas llegan a inventar grandes calumnias acerca de lo que la Iglesia enseña sobre los sacramentos, en todo caso en el Catecismo de la Iglesia Católica, está explicado y detallado todo sobre lo que la Iglesia enseña sobre los  Sacramentos, los Mandamiento y el del Credo, para evitar  ataques infundados sin motivo ni razón, fuera bueno su lectura para que nos conozcan antes de criticarnos, y acusarnos de cosas que no son.


12. ¿El Bautismo debe ser solo por inmersión?
Las Sectas nos cuestionan ¿Sí Jesús se bautizo en un río, porque los católicos no lo hacen igual? Bueno en la Biblia vemos casos, en que el Bautismo se practica en un río, y otros casos, donde el  Bautismo es realizado en plazas, casas de familias y en lugares pequeños, donde  el Sacramento se realiza rociándole el agua al Bautizado (por aspersión). Veamos el caso narrado en el capitulo 16 del Libro de los Hechos de los Apóstoles donde los Santos Pablo y Silas, estando en prisión, después de una manifestación de liberación extraordinaria de parte de Dios, hablaron con el Carcelero: "Y le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa. En aquella misma hora de la noche el carcelero los tomó consigo y les lavó las heridas; inmediatamente recibió el bautismo él y todos los suyos" (Hechos 16,32-33), queda en evidencia, que el Bautismo fue toda la familia (sin  discriminación entre adultos o niños) y sin inmersión en un  río, o sea que fue por aspersión del agua bendita, sobre toda la familia. En los santos evangelios no se consigue la parabra “inmersión” solo que el bautismo es con agua: “Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán,   confesando sus pecados”.  (Marcos 1:5).
Jesús ordena Bautizarnos “En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” y la Biblia nos muestras formas practicas de realizarlo y no un modo obligatorio especifico. De otro modo ¿Cómo se bautizaron las tres mil personas que se convirtieron el día de Pentecostés sí no tenían un río a su disposición? ¿Cómo fue bautizado el centurión Cornelio en su casa, o el mismo Carcelero?  Cuando la Biblia habla del Bautismo en un río, no  especifica que hubo inmersión, y está presentando una costumbre, no una forma obligatoria.    
13. Sí Cristo se Bautizó a los 30 años ¿Porque Bautizar a los Niños?
Puesto que Jesús dice en Marcos 16,16 que es necesario el Bautismo para ser salvo, la Iglesia lo imparte sabiamente a todos los creyentes y a sus hijos, por pequeños que estos sean. Además el mismo Jesús, recién nacido, fue presentado en el templo, y consagrado por sus padres San José y la Virgen, que cumplieron todo el ritual necesario para insertarlo según la antigua alianza, en el Pueblo de Dios. Veamos como el Divino Niño fue consagrado: "Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno. Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén  para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor" (Lucas 2,23).
Jesús  fue bautizado adulto, porque cuando el nació no existía el Bautismo, pero si existía la circuncisión, igualmente (siglos atrás) cuando Abraham nació no fue circuncidado a los ocho días de recién nacido, porque no existía tal consagración, de hecho Abraham fue el primero que se circuncidó, según la Biblia y eso fue cuando ya era un anciano: “Tenía Abraham 99 años cuando circuncidó la carne de su  prepucio” (Génesis 17,24).  Sí la Virgen y San José no esperaron la ancianidad de Jesús para que se consagrara a Dios, por medio de la circuncisión  ¿Por qué nosotros debemos esperar, para consagrar a nuestros hijos por medio del Bautismo que le confiere gracias infinitamente superiores?  No hay excusa que valga,  debemos impartir la gracia que Dios gratuitamente nos regala (cf Mt 10,8), debemos darle a nuestros hijos además de la vida biológica, también la “vida abundante” el nacer del agua y del Espíritu a  la vida de la gracia y  la pertenencia  en el Cuerpo místico de Cristo  Jesús.   
Los niños tienen derecho humanos, no por tener uso de razón, sino  simplemente por ser una persona humana, por ejemplo tienen derecho a una nacionalidad, y los Estados debe dárselas, y no esperar a ver que nacionalidad escogen, ¿y mientras tanto qué? desamparado, sin protección y sin patria, imposible verdad; similar es el Bautismo, que nos inserta al nuevo Pueblo de Dios, nos consagra Sacerdotes, Profetas y Reyes en Cristo Jesús. Y como el Divino Niño Jesús nos conviene que esta consagración realice a la más temprana edad, para formar parte del nuevo pueblo de Dios. Del mismo modo que de una familia de españoles, nacen hijos con derecho a esa nacionalidad, de una Familia de cristianos, nacen  hijos con ese privilegio. Por eso la Iglesia no puede negar el derecho a ser Bautizados a los niños, recordando las sentencia del Maestro: "Jesús les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos" (Mateo 19,14).
14. ¿Porque Bautizar a los niños, sí no tienen pecados y no han llegado al uso de razón para poder creer? “El que crea y se bautice, se salvará” (Mc 16,16)
Los niños aunque no han cometido pecados personales, son pecadores: al tener el pecado que cometieron Adán y Eva, que se llama pecado original, como dice el Rey David: “En pecado me concibió mi Madre” (Sal 51,7), y San Pablo dice: “Un solo hombre peco y todos fueron constituidos pecadores” (Rom 5,19). Además el bautizo da el Espíritu Santo, sí solo sirviera para quitar el pecado, Jesús no se abría bautizado, puesto que no tenía pecado. A los niños en el bautizo se le borra el pecado original, reciben el don del Espíritu Santo y son insertados con la dignidad de hijos de Dios en el pueblo de la nueva alianza: La Iglesia.  
El bautismo nos otorga la gracia santificante, y nos sirve para ser miembros del Pueblo de Dios o  formar parte de la Iglesia, y en Lucas 2,23 vemos que Jesús fue insertado en la antigua alianza a los ocho días de nacido, por medio de la circuncisión, este es el ejemplo que debemos seguir. La gracia es favor, el auxilio gratuito de Dios, “La gracia es  una participación en la vida de Dios, nos introduce en la intimidad de la vida trinitaria: por el bautismo el cristiano participa en la gracia de Cristo, Cabeza de su Cuerpo. Como hijo adoptivo ahora puede llamar “Padre” a Dios, en unión con el Hijo único. Recibe la vida del Espíritu que le infunde la caridad y que forma la Iglesia” (CIC #1997).
En cuanto a que los niños no puedan creer, dice la Biblia , que la fe del Padre o la Madre es suficiente: “Ten fe en el Señor Jesús y te salvaras tu y tu familia” (Hechos 16,31) por eso, y en virtud de la fe padres y padrinos, y con el compromisos de ayudarlos a madurar en la fe, la Iglesia imparte la acción santificadora del Espíritu de Dios, a los hijos de los creyentes, por pequeños que estos sean, incorporándolos a la vida de la gracia que Dios derrama sobre los creyentes y sus familias:  “Pues el marido no creyente queda santificado por la mujer creyente, y la mujer no creyente queda santificada por el marido creyente; de otro modo, vuestros hijos serían impuros, mas ahora son santos” (I Cor 7,14). Si, nuestros niños, pueden ser santos ya que el bautismo les borra el pecado original porque: “En verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios” (Juan 3,5).  Como leemos la santificación de los hijos, es un regalo gratuito, no por la fe del infante sino por pura misericordia de Dios, y por la condición de  creyente de al menos alguno de sus padres ya queda bendecida toda la familia. Igualmente Cristo siempre exigió la fe para sanar a los enfermos, pero en el caso de los niños bastaba la fe de su padre o su madre, como el caso  de la hija de Jairo (lee Marcos 5,36) y el de la hija de la cananea (cf Mateo 15,28). Otro error de algunas Sectas, es afirmar que las personas que fueron bautizadas pequeñas, se deben volverse a bautizar, mostrando así una gran  ignorancia acerca de las Escrituras que dice: “Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo”  (Efesios 4,5).   


15. ¿En Nombre de quién se debe realizar el Bautismo?
Jesucristo es muy claro en el Evangelio: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mateo 28,19).  Algunas Sectas paralelas al cristianismo, (que niegan la divinidad de Jesucristo y la existencia del Espíritu Santo), realizan el Bautismo, solamente en nombre del Jesucristo, tomando fuera de contexto un pasaje del Colosenses que dice: “Todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el  nombre del Señor Jesús”, pero San Pablo no niega con esto a las personas de la Santísima Trinidad, él nos recuerda que debemos actuar en representando a Cristo Jesús, en su nombre es decir en su presencia activa en nosotros, de hecho en ese versículo, no solo se menciona al Hijo sino también al Padre: “Y todo cuanto hagáis, de palabra y de boca, hacedlo todo en el  nombre del Señor Jesús, dando gracias por su medio a Dios  Padre”  (Colosenses 3,17). Para evitar caer en esa clase de errores es necesario leer el contexto, es decir todo lo que la Biblia nos dice referente al  tema, y el significado que tienen esas palabras para los escritores de las Sagradas Escrituras, no podemos tomar un fragmento fuera de contexto, porque sería un pretexto para renegar del mandato divino expresado por Cristo en la gran comisión que da a su Iglesia, en San Mateo capítulo 28.  En concordancia con Coloneses 3, 17 podemos leer lo que el mismo San Pablo le dice a los Efesios: “Dando siempre gracias al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 5,20).
También otras Sectas paralelas al cristianismo, pero que niegan la existencia del Padre y al Espíritu Santo, bautizan solo en Nombre del Hijo, tomando literalmente una fracción de un versículo de los Hechos de los apóstoles, donde San Pedro para diferenciar el Bautismo de la Iglesia, del bautismo de Juan el bautista (que solo era señal de arrepentimiento) dice: “Bautícense en el nombre de Jesucristo”. El error de tomar frases Bíblicas literalmente y fuera de contexto se llama “Fundamentalismo”.  Pedro en ningún momento niega al Dios “Padre, Hijo y Espíritu Santo”, como veamos por  en  Primera de Pedro 1,2  él nos habla a los elegidos: "Según el previo conocimiento de Dios Padre, con la acción santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo  y ser  rociados con su sangre. A vosotros gracia y paz abundantes". Ahora volvamos al versículo del libro de los Hechos de los Apóstoles,  al que las sectas se refieren, pero completo: “Pedro les dijo: Arrepentíos y bautícense cada uno en el nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2,38). Que el Bautizo sea en Nombre de  Jesucristo quiere decir que el Sacerdote o el Celebrante actúa en representando a Jesús, es decir en su presencia activa y  por  autoridad de Jesús que es quién bautiza con “Espíritu Santo y fuego” (cf Mc 1,8), además nuestro primer Papa (San Pedro) lo que quiere significar es que nos bauticemos según lo ordenado por Jesús y no con otros bautizos diferentes, que en el oriente ya en aquel tiempo eran muy variados, además del Bautizo de conversión predicado por Juan el Bautista, también existían rituales semejantes en otras religiones orientales de la época. Actuar o bautizar en Nombre de Jesucristo significa según la Biblia que: “Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!” (II Corintios 5,20). En Hechos 2,38 lo que se evidencia es que en el sacramento del Bautismo es Cristo quién actúa derramando Espíritu Santo y fuego, insertando al bautizado, en su vida de gracia, en su Iglesia, y el Celebrante actúa en Cristo, por su poder y puede hacer suyas las palabras de San Pablo:  “Y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2,20), eso es lo que significa actuar en el Nombre de Jesús.
Por una errada interpretación de las Palabras de San Pedro, estas sectas minoritarias van socavando en contra de la gran comisión de Jesús: “Id y haced discípulos a todas las naciones: Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden toda las cosas que os he mandado; y he aquí que estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28,19-20).
No se puede tapar el sol con un dedo, las Sectas tergiversan el sentido de la Palabra y se olvidan de la severa sentencia de San Juan: "¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo,  el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre. En cuanto a vosotros,  lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre" (I Juan 2,22-24).


16. ¿Qué es el Sacramento de la Confirmación?
Es el sacramento donde recibimos la plenitud del Espíritu Santo, para dar testimonio valiente de Cristo, los profetas anunciaron que el Espíritu de Señor reposaría sobre el Mesías esperado (cf Is 11,2), para realizar su misión salvadora (cf Is 61,1; Lc 4,16-22), el descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en su Bautismo por Juan fue el signo de que el era el Mesías, el Hijo de Dios (cf Mt 3,13-17; Jn 1,33-34), ahora bien, esta plenitud del Espíritu debía ser comunicada al todo el Pueblo mesiánico (cf Ez 36,25-27; Joel 3,1-2), Cristo prometió esta efusión del Espíritu en repetidas ocasiones  (cf Lc 12,12; Jn 3,5-8; 16,5-15; Hch 1,8), promesa que se cumplió primero el día de Pascua de resurrección (Jn 20,22) y luego, de una manera más manifiesta el día de Pentecostés (Hch 2,1-4) y llenos del Espíritu Santo los apóstoles comienzan a proclamar las maravillas de Dios (cf Hch 2,11).
Jesús  le confió a Pedro y sus sucesores los Obispos la misión de confirmar en la fe y en el buen camino, a los creyentes o discípulos, que habiendo aceptado el Evangelio, están  iniciándose en camino cristiano: “Pero yo he rogado por ti, para que tu fe no falte; y una vez vuelto, confirma a tus hermanos”  (Lc 22,31,33). En la Biblia vemos que ellos cumplen esa función: “Al enterarse los  apóstoles que estaban en Jerusalén de que en Samaria habían aceptado la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan, estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo; pues todavía  no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo” (Hechos 8,14-17). Desde el tiempo de los apóstoles, comunicaban a los nuevos creyentes, mediante la imposición de manos, el don del Espíritu Santo, destinado a complementar la gracia del  Bautismo (cf Hch 8, 15-17;  19,5-6), y en la carta a los Hebreos se recuerda, entre los primeros elementos de la formación cristiana, la doctrina del Bautismo y de la imposición de manos o Confirmación (Lee Hebreos 6,2).  
Algunas denominaciones cristianas se escandalizan de que se hable de varias efusiones del Espíritu Santo, pero eso es bíblico, los apóstoles también necesitaron recibir varias unciones del Espíritu Santo, fíjense después de la resurrección: “Jesús les volvió a decir: ¡La paz este con ustedes! Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo”  (Juan 20,22)   y luego reciben la plenitud es decir: el ser llenos del mismo Espíritu, el día de Pentecostés (cf Hechos 2,1-4),  está nueva efusión es para hacernos Testigos auténticos de Señor (cf Lucas 24, 48-49; Hechos 1,8), para ser marcados por Jesucristo con el sello de su Espíritu (2 Cor 1,22; Ef 1,13; 4,30), éste sello del Espíritu Santo, marca la pertenencia total a Cristo, la puesta al servicio por siempre, para proclamar, como los apóstoles, con valentía a las maravillas de Dios (Lee Hch 2,11), pero también indica la promesa de la protección divina en la gran prueba escatológica (cf Ap 7,2-3; Ap 9,4; Ez 9,4-6).


17. ¿En el Sacramento de la Comunión se recibe el Cuerpo y la Sangre de Cristo ?
Por sus puesto que si, no es una mera representación simbólica  como lo hacen creer algunas sectas, contradiciendo a Jesús que nos mando a celebrar el Misterio Eucarístico, su ofrenda al Padre Eterno, por nuestra redención: "Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y  se lo dio y dijo: «Tomad, este es mi cuerpo» Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos". (Marcos 14,22-24). En el  Pan y Vino consagrados en la Misa, no se puede negar que está la presencia real de Cristo, prometida  en el Capítulo seis  del evangelio según San Juan, que nos explica el milagro Eucarístico,  donde el Pan y el Vino  se trasforman en pan bajado del Cielo, en pan de ángeles, en pan de vida eterna, en Cuerpo y Sangre del Señor, aunque sin cambiar la apariencia de las especies de pan y vino, contienen después de la consagración la Presencia Divina de Jesús.
En Juan 6,48-70 está la promesa de Jesús de alimentarnos con el  Pan de vida eterna y la bebida de Salvación: Su Cuerpo y Sangre, en  Mateo 26,26-28 y  Lucas 22,19-20 está la realización o cumplimiento de la promesa Eucarística, y la perenne actualización está en Hechos 2,42 y en Primera de Corintios 11,23-29 donde vemos la continuación del Sacramento del “Sacrificio Perpetuo” hasta que Jesús vuelva.
La Comunión acrecienta nuestra unión con Cristo y su Iglesia, recibir la Eucaristía en la comunión da como fruto principal la unión intima con Cristo Jesús, que dijo: “Quién come mi  Carne y bebe mi Sangre habita en mí y yo en él. Lo mismo que me ha enviado el Padre, que vive, y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí” (Juan 6,56-57).  También este sacramento nos separa del pecado, porque el Cuerpo de Cristo que recibimos es “entregado por nosotros”  y la Sangre que bebemos es “derramada por muchos para el perdón de los pecados”.  Además al unirnos más estrechamente a Cristo la comunión renueva, fortifica y profundiza nuestra incorporación a la Iglesia realizada en el Bautismo, reforzando nuestra unidad al Cuerpo místico de Cristo: “El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo?, y el pan que partimos ¿no es comunión  con el cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan”  (I Corintios 10,16-17).
Para aquellos que piensan que ese gran milagro Eucarístico solo lo pudo realizar Jesús en la Ultima Cena les recuerdo estás palabras del Señor: "En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí,  hará él también las obras que Yo hago, y hará mayores aún, porque Yo voy al Padre" (Juan 14,12).


18. ¿Cual es el culto principal que celebra La Iglesia Católica?
El Culto que celebramos se llama Eucaristía o Misa, nace del pedido hecho por Cristo en la ultima cena "Hagan esto en conmemoración mía",  en la Biblia la Misa recibe el nombre de: "Fracción del Pan". La palabra “Misa” es un saludo antiguo, viene de “Misión” y significa: Podéis ir en paz, a misionar. En el  Pan y Vino consagrados en la Misa, está la presencia real de Cristo. El Pan y el Vino  se trasforman en Cuerpo y Sangre del Señor.
Jesús prometió alimentarnos con su Cuerpo y Sangre, para poder tener vida eterna (cf Juan 6,51-56) la en Santa Cena Eucarística se realiza el cumplimiento de la promesa, crea el sacramento donde  recibimos con el  Pan de vida eterna y la bebida de Salvación (cf  Mateo 26,26-28; Marcos 14,22-24; Lucas 22,19-20) y luego se le da continuación perpetua en la Iglesia al Sacramento de la Fracción del Pan (cf Hechos 2,42), hasta que Jesús vuelva en gloría (cf I Corintios 11,26). San Pablo fue muy claro al respecto: “La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión  con el cuerpo de Cristo?”  (I Corintios 10,16)   y más adelante añade: “Yo he recibido del Señor lo que a mi vez les he transmitido. El Señor, la noche que fue entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió diciendo: “Este es mí cuerpo, que es entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía” De Igual manera tomando la copa, después de haber cenado, dijo: “Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Todas la veces que la beban háganlo en memoria mía.” Fíjense bien: cada vez que comen de este pan y beben de esta copa están proclamando la muerte del Señor hasta que venga” (I Corintios 11,23-27).          
Aunque sean muchas citas, las que aparecen de respaldo, trata de buscarlas y leerlas todas, has tu plan de estudio Bíblico, y procura leer toda la Santa Biblia, o escucharla completa. Para los que asisten diariamente a Misa en la Iglesia Católica, tienen el privilegio de oír, toda la Biblia en un lapso de dos años, al completarse los ciclos litúrgicos de la Palabra, te invito, es una gran Bendición.


19. ¿Está la presencia real de Cristo en el Pan y el Vino consagrados en las Misas?
Claro que si, porque Jesucristo dio el poder y la misión a sus discípulos de repetir el milagro que el mismo realizó en la ultima cena, trasformar las especies de pan y vino, en su cuerpo y sangre, porque para tener vida eterna, es necesario comer el  verdadero  Cuerpo de Jesucristo y tomar su autentica Sangre. “Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre,  no tenéis vida en vosotros” (Juan 6,53).  Por eso Dios proveo una forma de dar ese alimento espiritual mediante la Eucaristía, donde se actualiza el sacrificio de la cruz, ya sin crueldad, pero similar en la ofrenda y en la entrega de Cristo a su Padre Celestial, por nuestra redención.
Jesús proclamo: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de ese pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para vida del mundo” (Juan 6,51) y luego añade: “Quién come mi Carne y bebe mi Sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día” (Juan 6,54).  ¿La vida eterna es simbólica? ¿Acaso la resurrección es simbólica? Si Jesús se estaba hablando en parábolas como lo hacen creer algunas sectas ¿Por qué deja que muchos de sus discípulos se volvieran atrás y dejaran de seguirle por no aceptar este punto? “Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y  ya no andaban con él” (Juan 6:66), en vez de aclararles que se trataba de un parábola “Jesús preguntó a los doce ¿Quieren marcharse ustedes?” (Juan 6,67) lo que demuestra el sentido doctrinal y no alegórico de estas palabras de Jesús, porque no pueden seguir con Cristo los que no aceptan el sentido inmediato de estas palabras, por eso se van y Jesús nos los retiene, ni cambia, ni rectifica el sentido literal que les dieron los oyentes a su discurso, sino que lo reafirma “Mi sangre es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él” (Juan 6,55-56) y lo mantiene hasta el final (Lee Juan 6,58-70).
En el  Pan y Vino consagrados en la Misa, está la presencia real de Cristo. El Pan y el Vino  se trasforman sin cambiar su aspecto en Cuerpo y Sangre del Señor. Lo respalda innumerables citas del Nuevo Testamento como por ejemplo: Mateo 26,6; 26,26-28;  Marcos 14,22-24; Lucas 22,19-20; Juan 6,28-70; 15,4; Pro 9,1; Is 55,1; Sir 24,19; Núm 11,18;  I Cor 11,23-27. Confirman,  esa presencia Real, las  manifestaciones sobrenaturales que han ocurrido en las Eucaristía, a través de los siglos, los milagros que acompañan a la Iglesia confirman su Palabra con acción poderosa del Espíritu de Dios (cf Marcos 16,20). Estudiemos el contexto Bíblico: La Hostia y el Vino son para nosotros los creyentes el Cuerpo y Sangre de Cristo, después de la Consagración, porque así lo proclamó el mismo Jesús  reunidos con sus seguidores, la noche que iba ser entregado: “Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo.» Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por  muchos para perdón de los pecados” (Mateo 26,26-28). Los primeros cristianos siempre expresaron su fe en estas palabras del Señor, por eso: "Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la  comunión, a la fracción del pan y a las oraciones" (Hechos 2,42). "Pues fiel es Dios, por quien habéis sido llamados a la comunión con su hijo Jesucristo, Señor nuestro". (I Cor 1,9).
San Pablo, no permite dudar en este punto tan trascendental, y reprende a sus discípulos, para que no dudaran del milagro Eucarístico y les exhortaba con estás palabras: “La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión  con el cuerpo de Cristo?”  (I Corintios 10,16), San Pablo nos hablas claramente de la comunión del Cuerpo y la Sangre del Señor, no de simbolismos o parábolas, no deja lugar a dudas, y San Juan añade: "Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre  y con su Hijo Jesucristo" (I Juan 1,3).
Además para tener la Vida Abundante que Dios nos ofrece es requisito indispensable, que la Eucaristía sea un milagro real en atención a las siguientes palabras de quién se presentó a si mismo como “El Pan de vida”: “Jesús les dijo: "En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben  su sangre, no tienen vida en ustedes" (Juan 6,53). Dios no nos pudiera poner esta condición indispensable e ineludible, si no es porque el mismo provee mediante el Milagro Eucarístico, la forma de que pudiéramos comer: la verdadera comida y beber la verdadera bebida de Salvación, para la vida eterna.


20. ¿Se puede celebrar la Cena del Señor, con galletas?
La Santa Iglesia, celebra la Fracción del Pan, con Pan ázimo, porque así lo realizó Cristo, y como cristianos sabemos, que debemos hacerlo con el mayor respeto y adoración al Santo Cuerpo y la Santa Sangre de Nuestro Redentor y único y suficiente Salvador: Jesucristo. Por eso sería un sacrilegio realizarlos con unas galletas de distribución comercial como lo hacen algunas sectas, que de paso, su más grave error es negar la presencia real de Cristo, en las especias de Pan y Vinos Consagrados, como Él mismo lo ordeno en su Santa Cena. Sabemos por las escritura que Jesús estaba celebrando "La Pascua" según las tradiciones Judías, la noche que iba ser entregado (La Ultima Cena). Las siguientes citas muestran como en el Antiguo testamento estaba prescrito celebrar la antigua y muy tradicional Pascua Judía: "Durante siete días comeréis ázimos; ya desde el primer día  quitaréis de vuestras casas la levadura. Todo el que  desde el   día primero hasta el día séptimo coma pan fermentado, ese tal   será exterminado de en medio de Israel" (Éxodo 12,15). "Dijo, pues, Moisés al pueblo: Acordaos de este día en que salisteis de Egipto, de la casa de servidumbre, pues Yahveh os ha sacado de aquí con mano fuerte; y no comáis pan fermentado". (Éxodo 13,3) "No inmolarás con pan fermentado la sangre de mi sacrificio, ni quedará hasta el día siguiente la víctima de la fiesta de Pascua". (Éxodo 34:25) "Al día siguiente de la Pascua comieron ya de los productos del país: panes ázimos y espigas tostadas, ese mismo día" (Josué 5,11).  Es evidente en Marcos 14,12 y Lucas 22,7-8 que en la llamada “Ultima Cena”  Jesús y sus apóstoles estaban celebrando la Pascua: "El día catorce del primer mes será para vosotros la fiesta de la Pascua. Durante siete días se comerá el pan sin  levadura". (Ezequiel 45,21).


21. ¿Están seguro que Jesucristo se ciño a esta tradición Bíblica?
Por supuesto que Jesús, en la primera de las Eucaristía (la Primera Comunión de los apóstoles), en lo que llamamos su Ultima Cena, cumplió con todas esas ordenes Bíblicas como vemos en las siguientes citas del Nuevo Testamento, lee y convéncete: «Ya sabéis que dentro de dos días es la Pascua; y el Hijo del  hombre va a ser entregado para ser crucificado.» (Mateo 26,2) "El primer día de los Azimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?" (Marcos 14,12). "Llegó el día de los Azimos, en el que se había de sacrificar el cordero de Pascua;  y envió a Pedro y a Juan, diciendo: «Id y preparadnos la Pascua para que la comamos.»" (Lucas 22,7-8). "Y (Jesús) les dijo: «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer;  porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.»" (Lucas 22,15-16).


22. ¿Porque Confesar los pecados ante el Sacerdote?
Porque Jesucristo dio poder y autoridad a sus discípulos y sus sucesores (Mateo 10,1), para  perdonar los pecados en su Nombre  (Mateo 18,18; Juan 20,23).  Jesús, después de resucitar le dijo a sus apóstoles: “A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes no se los perdonen,  les quedan retenidos” (Juan 20,23). El Señor fue muy claro a quienes su verdadera Iglesia perdone sus pecado les quedarán perdonados o remitidos (como lo traducen las Sectas)  que significa absueltos o perdonados, por eso nos confesamos ante el Sacerdote para que en nombre de Jesús, nos absuelva de todos los pecados que hemos cometido después del Bautismo, porque: “Si decimos: “No hemos pecado”,  le hacemos mentiroso, y su Palabra no está en nosotros” (I Juan 1,10).  
Nos confesamos, en un acto de humildad, y obediencia al mandato de  los apóstoles (Santiago 5,16) por seguir  el sabio consejo Bíblico de Proverbios 28,13 y por seguir una practica habitual en el Nuevo Testamento (Mateo 3,6; Marcos 1:5; Hechos 19,18).
Este plan misericordioso de Dios, (Romanos 3,21-26), tiene numeroso  respaldo tanto en la Nueva Alianza, como en el Antiguo Pacto como ejemplo: “el que es culpable en uno de estos casos confesará aquello en   que ha pecado” (Levítico 5,5),   “…Y el sacerdote hará por él expiación de su pecado. (Levítico 5,6).  “El sacerdote hará por él la expiación delante de Yahveh, y será perdonado en cualquiera de los casos en que fuera culpable” (Levítico 5,26). “Al que encubre sus faltas, no le saldrá bien; el que las confiesa y abandona, obtendrá piedad (Proverbios 28,13).
Después de su obra redentora en la Cruz, y de su gloriosa resurrección instituye el Sacramento de la Confesión (Juan 20,23), para repartir las gracias del perdón ganadas en la Cruz, de hecho redimir también es sinónimo de remitir, de allí nace el ministerio de la reconciliación como lo explica San Pablo: "Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación" (II Corintios 5,18). Es claro que Dios nos confió al la Iglesia (en especial a los Presbíteros o Sacerdotes) el ministerio de la reconciliación,  por eso nos los reafirman los apóstoles: “Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos  por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder” (Santiago 5,16).  En la Iglesia se Dios ha dispuestos las diversas funciones, ministerios y carismas, como leemos en (I Corintios en los capítulos 12 y 13 y en (Efesios 4,11-13), porque Jesucristo: “ha hecho de nosotros, un Reino de Sacerdotes, para su Dios y Padre, a él la gloria y el poder por los siglos  de los siglos. Amén” (Apocalipsis 1,6).


23. ¿Pero sí el Sacerdote es un pecador podrá perdonar los pecados?
El Sacerdote,  como se lee en Juan 20,23 es un embajador escogido por Cristo para derramar su misericordia, y los pecados quedan perdonados, no por la santidad del Presbítero o Sacerdote celebrante, sino por el poder y la autoridad que el Señor les ha otorgado para perdonar o retener los pecados de los hombres: “Yo les digo: todo lo que atén en la tierra, el cielo lo considerará atado, y todo lo que desaten en la tierra, será tenido por desatado en el Cielo” (Mateo 18,18). El Sacerdote como todo cristiano esta en continuo proceso de conversión y santificación personal, y tiene menos ocasión de caer en pecados y más auxilios a su disposición, y él también debe frecuentemente debe confesarse con otro hermano en el sacerdocio ministerial. El Sacerdote da la absolución de los pecados en nombre de Cristo, es decir en su presencia viva y actuante, y con su autoridad delegada. “Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!” (II Corintios 5,20). Recurramos pues al Sacramento de la reconciliación, con confianza en la misericordia de Dios, y además el Sacerdote nos  aconsejará y nos exhortará para vencer las tentaciones, dándonos remedios eficaces, para nuestro provecho espiritual.


24. ¿La Biblia nos manda a confesar los pecados solo directamente a Dios?
No, la Palabra de Dios nos indica que como un acto de humildad y una muestra exterior de nuestro arrepentimiento y conversión interior, debemos confesar los pecados, ante aquellos que Jesús les encomendó la misión de propagar su Reino, porque Cristo Jesús quiso dar a sus seguidores el Poder y la Misión de reconciliar la humanidad con Dios, por medio de su Nombre (su presencia activa) en la Iglesia, por eso la Biblia nos manda en Santiago 5,16: “Confesad pues vuestros pecados unos a otros y orad los unos  por los otros, para que seáis salvos: porque mucho vale la oración perseverante del justo”. El sacramento de la reconciliación o Confesión no es un invento de la Iglesia, como lo hacen ver algunas sectas, es una practica Bíblica, como se lee en Hechos 19,18: “Y muchos de los que habían creído venían confesando y dando cuenta de sus hechos”. Esto tiene antecedentes en el Antiguo  Testamento que nos dice: “No te avergüences de confesar tus pecados, no te opongas a la corriente del río”. (Eclesiástico 4,26). Pero su cumplimiento evangélico se inicia en Marcos 1,5 con Juan el Bautista: “Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados”. “Y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados”. (Mateo 3,6).
Claro que debemos confesarnos ante Dios (Sal 32,5) porque no podemos ocultar nuestros pecados ante Dios (Sal 139,2),  de antemano los conoces nuestra condición (Sal 103,14), también la sinceridad de nuestro arrepentimiento, y Dios no desprecia un corazón contrito y humillado (Sal 51,19),  pero debemos reconocer nuestras faltas ante los delegados de Cristo porque así Dios lo dispuso en su Santa Palabra: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado le hacemos a él mentiroso, y su Palabra no está en nosotros” (I Juan 1,9-10).
En la Biblia vemos también otros casos donde todo el pueblo de la Antigua Alianza,  se congregaba en ceremonia de penitencia y confesión de pecados ante los profetas (cf Lv 16,21; Esdras 10,1; Nehemías 9,3; I Samuel 7,6; Joel 1,14; 2,16; Jonás 3,7-10),  para reconocer públicamente las faltas y pecados de la comunidad  y las de sus padres (cf Lv 26,40; Joel 2,17; Nehemías 1,4-7; I Mac 7,36; Mi 7,18-20; Sal 51,5-7; Jer 14,20). “El que encubres sus pecados no prosperará; más el que confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28,13).
Veamos el caso del grave pecado del Rey  David, el se arrepiente y pide perdón a Dios de todo corazón como se lee en el Salmo 51, pero también confiesa su culpa ante un hombre, el Profeta Natán: “Entonces dijo David a Natán: He pecado contra Yahaveh. Respondió Natán: También perdona Dios tu pecado; no morirás” (II Samuel 12,13), el profeta Josué (sucesor de Moisés) también pide que se confiesen su pecado ante él y lo hacen (Lee Josué 8,19-21),  también el hijo prodigo confiesa a su padre, que ha  pecado contra  Dios y contra él (cf Lucas 15,21), para obtener el perdón de ambos, y recobrar su dignidad de hijo, reconocer los pecados ante otros hombres, según la Biblia,  se puede y se debe hacer.


25. ¿La Iglesia prohíbe el Matrimonio?  
La Iglesia Católica nunca ha prohibido el matrimonio, al contrario, para nosotros es un sacramento que Dios Padre instituyó desde el principio de la creación, que además Jesús ratifica, defiende y promueve, como un compromiso sagrado e indisoluble, entre un hombre y una mujer, para formar un hogar delante de Dios y de los hombres, como lo muestras las Sagradas Escrituras. “Tened todos en gran honor el matrimonio, y el lecho conyugal  sea inmaculado; que a los fornicarios y adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13,4).
Para el verdadero cristiano, el Matrimonio es sagrado, porque la unión de los esposos es reflejo y testimonio de la unión y el amor de Cristo con su Iglesia (cf Efesios 5, 22-27) es por tanto indisoluble (cf Mateo 19,6) en consideración del plan original de Dios (cf Génesis 2,24).
Para los que critican que la Iglesia no acepte el divorcio, analicen bien estas palabras de Jesús: “El respondió: "¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre”  (Mateo 19,4-6).


26. ¿Porque los Sacerdotes tienen que guardar el Celibato?
Los Sacerdotes, deben realizar votos de pobreza, obediencia y castidad, para poder dedicarse plenamente al servicio de la misión que Dios les ha dado de llevar su palabra y extender su reino, de ese modo: libre de todo compromisos con las cosas del mundo, puede entregarse por entero a Dios como lo sugiere San Pablo:   "Quisiera, pues, que estuvieseis sin congojas. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor" (I Corintios 7,32).  
Jesús mismo fue célibe, para mostraron esa opción de vida consagrada plenamente a servir en las cosas del Padre, con integridad de vida, por iniciativa de Él mismo que hace el llamado, por eso lo es una vocación, por una causa trascendental: "Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que fueron castrados por los hombres, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda" (Mateo 19,12). Los Sacerdotes Católicos no se casas porque quieren imitar el ejemplo de Cristo, que no se casó y enseñó la superioridad del celibato en el servicio  a Dios con respecto al matrimonio. Todo el evangelio: completo,  da referencias sobre los votos de pobreza, obediencia y castidad, que Jesús quiso requerir de sus discípulos, quienes se encargarían de propagar su Evangelio, pero refiriéndonos al gran tesoro del celibato, volvamos con el capitulo 7 de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios: "Yo os quisiera libres de preocupaciones. El soltero se  preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor". El casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer; está por tanto dividido. La mujer no casada, lo mismo que la doncella, se preocupa de las cosas del Señor, de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. Mas la casada se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a  su marido. Os digo esto para vuestro provecho, no para tenderos un lazo, sino para moverlos a lo más digno y al trato asiduo con el Señor, sin división".(I Corintios 7,32-35).


27. ¿Por qué se llama  “Padre” a  los Sacerdotes?
Llamamos “Padre” porque ellos nos engendran a una vida nueva en Cristo, por eso san Pablo le dice a sus discípulos: Hijos míos, de nuevo sufro los dolores del alumbramiento hasta que Cristo se forme en ustedes” (Gálatas 4,19). Los protestantes nos critican al respecto, porque literalmente una frase del Señor:  “Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos” (Mateo 23,9). Pero lo que Jesús quiere decir con esta frase es que Dios es el Ser más importante y supremo sobre todas las cosas  y ese puesto en nuestro corazón no podemos darlo a otro ser o a otras cosas (Lee Malaquías 1,6), es falso que Jesús prohiba llamar “Padre” a quienes nos han engendrado  a la vida corporal o espiritual,  lo que condena es que los están en autoridad abusen de poder, usurpen el lugar de Dios  y  exploten a sus dirigidos, que los manipulen a su  antojo o aprovechen su autoridad en perjuicio de los demás, con fines de lucro o dominación. La misma Biblia nos aclara en este aspecto “Hijos, obedeced en todos a vuestros padres en todo, porque esto es grato a Dios en el Señor” (Col 3,20) y en la Biblia no hay contradicciones, las revelaciones se complementan y tienen que existir analogía entre las profecías, esta explicación concuerda con el mandamiento de Honrar  Padre y Madre (cf Ex 20,12;  Jer 24,6; Lc 18,20; Ef 6,1) vemos que la posición de las sectas es muy contradictoria a la Palabra de Dios,  además Cristo llamó padre a San José, y lo obedeció, honró y creció sujeto a su paternidad (cf Lucas 2,51),  y el propio Jesús al referirse al patriarca Abraham también lo llama "Padre" además aceptó ser llamado “El Hijo del Carpintero”, “Hijo de David” e “Hijo del Hombre”  y continuamente en la Biblia vemos varios ejemplos donde los apóstoles se llaman, Padres de sus discípulos, a los cuales en  las cartas apostólicas mucha veces llaman Hijos (cf I Cor 4,14-15; I Tes 2,11 ).


28. ¿Como los Apóstoles transfieren su Autoridad en la Iglesia hasta nuestros días?
La transfieren a sus primeros discípulos, por medio de la oración y la imposición de las manos, y así se ha transferido todo el poder y autoridad delegado por Cristo a sus Apóstoles hasta hoy, a este gesto que se ha repetido de generación en generación lo llamamos: Sacramento del Orden Sacerdotal, donde se transfiere el poder de repetir el milagro Eucarístico (Marcos 14,22), el poder  y la misión de predicar y bautizar (Mateo 28,18-19)  de juzgar para perdonar los pecados (Juan 20,21-23),  el ministerio de la reconciliación (II Cor 5,18-20) y representar a Cristo en todo hasta el fin del mundo (II Cor 6, 1-4; Mateo 28,20). Vemos por ejemplo como San Pablo ordenando la Iglesia en sus inicios, le envía una carta a uno de sus discípulos, y le aclara: "El motivo de haberte dejado en Creta, fue para que acabaras de organizar lo que faltaba y establecieras presbíteros en cada ciudad, como yo te ordené" (Tito 1:5). De igual forma le escribe a Timoteo: "No descuides el carisma que hay en ti, que se te comunicó por intervención profética mediante la imposición de las manos del colegio de presbíteros" (I Timoteo 4,14).  El Sacramento del Orden Sacerdotal ya está configurado en la Antigua Alianza “… desde  el día en que los presentó para ejercer el sacerdocio de Yahveh. Esto mandó Yahveh que los israelitas les dieran el día en que  los ungió, como decreto perpetuo de generación en  generación”. (Levítico 7:35-6). Desde el Antiguo Testamento vemos la sucesión de los Patriarcas (Exodo 3:6) y de los  Profetas:   Moisés ungiendo en Josué a sus sucesores (Números 27:18  Deuteronomio 3:28) Elías ungiendo por orden de Dios a Eliseo (I Reyes 19:16- 21),  para que continúen la misión de anunciar la Palabra de Dios de generación en generación. Y en Nuevo Testamento, vemos la sucesión de los Apóstoles:”Entonces oraron así: «Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido, para ocupar en el ministerio del apostolado el puesto del que Judas desertó para irse adonde le correspondía.» : Hechos 1:24   Vemos la sucesión en el Ministerio Episcopal:    “Porque el epíscopo, como administrador de Dios, debe ser irreprochable; no arrogante, no colérico, no bebedor, no violento, no dado a negocios sucios” (Tito 1:7) y en el Ministerio Sacerdotal: “Llegados a Jerusalén fueron recibidos por la Iglesia y por los apóstoles y presbíteros, y contaron cuanto Dios había hecho  juntamente con ellos. (Hechos 15:4), Se puede evidenciar la importancia de esta sucesión del ministerio apostólico en los Obispos,  Presbíteros y Diáconos en las siguientes citas: Hechos 14:23; Hechos 15:22;  Hechos 16:4; Filipenses 1:1;  I Timoteo 4:14; I Timoteo 3:8. Por eso los Católicos hablamos de los Obispos,  como sucesores de los apóstoles, porque somos herederos de la autoridad y el poder que Cristo dio a sus discípulos, en razón de la duración de la misión de la Iglesia hasta el la consumación de  los tiempos (Mateo 28,20), nosotros al igual que los apóstoles reconocemos las autoridades delegadas por Cristo y las tomamos en alta consideración, por ejemplo veamos como comienza la Carta a los Filipenses: “Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos que están en Filipos, con los Obispos y Diáconos” (Filipenses 1,1).
29. ¿Cuándo Jesús instituye el sacramento de la Unción de los Enfermos?
Lo instituye primeramente con su ejemplo de vida: “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mateo 9,35). “Cómo Dios,  a Jesús de Nazaret , le ungió con el Espíritu Santo = y con poder, y cómo él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10,38).
Luego con un Mandato directo a sus discípulos: “Sanad a los enfermos, limpiad  a los leprosos ...” (cf  Mateo 10,8), “Sanen a los enfermos y digan a su gente el reino de Dios ha venido a Ustedes” (Lucas 10,9). También después de su resurrección les dice a sus apóstoles, que los acompañarán entre otros milagros que: “... Pondrán las manos sobre los enfermos y quedarán éstos curados” (Marcos 16,18) y por ultimo vemos su continuidad en la Iglesia después de su ascensión del Señor, ahora por manos de los apóstoles, que lo llevan a cabo y nos mandan a continuarlo: "¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, oren por él, ungiéndolo con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo y el Señor lo aliviará: y si se halla con pecados, se le perdonarán.  Confesad pues vuestros pecados unos a otros y orad los unos  por los otros, para que seáis salvos: porque mucho vale la oración perseverante del justo" (Santiago 5,14-16).
Aunque la Unción de los enfermos es un sacramento de sanación física y espiritual, no puede ser usado  como una búsqueda desesperada por huir del sufrimiento,  sino como una muestra de solidaridad, compañía, misericordia donde se encuentra el sentido al padecimiento unido al de Cristo  (Lee  Col 1,24; Fil 1,29) ya que si hemos sufrido con Cristo, estaremos con Él en la Gloría (cf   Rom 8,17) y en algunos casos de preparación para la muerte, como la unción de Cristo en Betania (Juan 12,7), no podemos afanarnos por la salud al punto de llegar a negar, la dimensión redentora del sufrimiento vivido en comunión con  Cristo y su Cruz.    


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